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Lanzó un dramático llamado a impedir el riesgo de que la inteligencia artificial, sin una debida regulación, termine por anular las decisiones de los seres humanos.En un largo encuentro que duró dos horas y media en el Vaticano, también ofreció una disculpa histórica por el papel que la Santa Sede desempeñó con respecto a la esclavitud, al no haberla condenado durante siglos.